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Cómo desarrollar procesos de creación colectiva: las claves a tener en cuenta

Quienes lo intentaron, lo saben: son muchísimos los proyectos de creación colectiva que se inician y muy pocos los que se concretan ¿Por qué? En general, porque comentemos errores en el modo de abordar la forma de trabajar y terminamos perdidxs en nuestro propio laberinto.

La falta de método habitualmente nos conduce a un callejón sin salida. Después de varios de meses de trabajar, nos damos cuenta de que ya no sabemos hacia donde seguir, y los procesos terminan diluyéndose en el tiempo.

Los motivos son múltiples, desde el punto de vista del diseño del proceso podemos agruparlos en dos grande conjuntos: la calendarización del trabajo y el la falta de visión en el liderazgo del grupo.

Cuando armamos un grupo de trabajo, es importante preguntarse cómo vamos a organizarnos: cuáles serán los roles de cada miembro del grupo y cómo abordaremos cada tarea dentro del proceso: dirigir es un rol, actuar es un rol, escribir es un rol, producir es un rol. Podemos definir quién hace qué, o si se hará todo colectivamente, o si aún falta sumar al equipo a alguien que pueda desplegar determinada tarea.

Dirigir un proceso de creación colectiva es liderar el proceso: puede hacerlo alguien dentro del grupo, puede ser un rol compartido, las variantes son múltiples; pero lo importante es pensar en generar esa instancia que toma decisiones y propone recorridos para desarrollar el proceso.

Proponer recorridos es sinónimo de diseñar el proceso de trabajo y visualizarlo en el tiempo: calendarizar las fases, y las etapas dentro de cada fase.

Un trabajo de creación escénica se divide en tres grandes zonas: la investigación, la escritura y el montaje. Es importante armar, desde el principio, un calendario de trabajo y planificar ese trabajo en el tiempo.

¡Atención! Planificarlo en el tiempo no significa sólo armar la agenda, definir la cantidad de horas y frecuencia de cada reunir: planificar es diseñar ese proceso, definir con qué ejes se trabajarán, proponer consignas específicas para cada encuentro, e ir decantando, semana a semana, el trabajo creativo del grupo para lograr avanzar en el proceso

Una vez que logramos esa planificación, podemos darnos al trabajo estrictamente creativo: el de la indagación de un universo en común, un imaginario que nos permita desplegar la investigación.

¿Cómo vamos a desarrollar nuestra etapa de investigación? ¿Cuántos ensayos, con qué hipótesis de trabajo abordaremos cada ensayo? ¿Cómo será ese proceso, con qué elementos trabajaremos? ¿Qué investigará cada actor o actriz del grupo? ¿Cómo se registrará lo que se produce en cada encuentro para acumular material para la etapa de escritura y montaje?

Para investigar hay que partir de una propuesta, un disparador en torno a cuál esa creación se organice.

Hay un momento difícil: el de cerrar esa primera etapa para pasar a la escritura de la obra. Si sentimos que todo es insuficiente, nunca cerraremos esa fase. Hay que decidirse y empezar a bocetar dramatúrgicamente un material, para organizar qué tenemos y qué nos falta: un borrador que oficie de mapa para seguir trabajando, hasta llegar a tener una primera versión del texto teatral que nos permita empezar el montaje de la obra.

Esta es otra de las etapas en las que podemos comenzar a sentir la falta de herramientas, si nadie dentro del grupo cuenta con herramientas de escritura; muchas veces, el trabajo se bloquea en esta instancia, cuando se revela esta dificultad. Por eso es importante tenerla en cuenta desde el comienzo, aunque falte para llegar a ella.

El montaje, la puesta en escena, es la última etapa: hay que confiar en el material y empezar a trabajarlo como a cualquier obra: ocuparse de buscar y construir un lenguaje escénico y un registro expresivo que complete el circuito de la creación que comenzamos en la primera fase y que nos permita llegar a la obra terminada.

Dirigir es concentrarse en hacer funcionar lo que tenemos: profundizarlo, plegarle elementos narrativos desde los lenguajes específicos de la escena, y eventualmente efectuar todos los ajustes en el texto de acuerdo a la necesidades de funcionamiento de la obra. Ajustes: corregir la extensión de una escena, reubicarla de otra forma en el desarrollo de una obra, ajustar el final.

Es recomendable llegar a esta instancia con una primera versión del texto con la que nos sintamos segurxs; sólo así podremos dejar que ese material crezca con las operaciones de dirección, sin estar todo el tiempo haciéndolo tambalear, y disparando el trabajo de nuevo a la fase 1.

Es cierto: ningún proceso creativo es tan esquemático, y conducir un proceso de creación colectiva implica tener la suficiente destreza para acompañar los vaivenes propios de la creación, pero si tenemos en cuenta estas pautas, es posible que nos resuelva ese laberinto del que muchos grupos no logran salir.