Todas las familias felices se parecen

Escritura creativa. Cómo desarrollar un proceso de escritura_

Cuando leemos un texto que nos gusta mucho nos da la sensación de que ese texto siempre fue así: equilibrado, exacto, musical, condensado, perfecto… Nunca podemos acceder, desde el texto terminado, al proceso que pudo haber seguido su autorx.  Pero siempre hay un proceso.

Un proceso es un modo de concebir el desarrollo de un trabajo en el tiempo: una serie de pasos, o etapas, que debemos seguir para lograr un resultado. Si pensamos que detrás de un texto hay un proceso de trabajo, el primer mito que dejamos caer es la idea de «genio literario«, ese mito según el cual quien escribe posee la iluminación, el rapto que lo conduce sin fisuras  de la página uno a la última, sin que medie todo aquello que en realidad sí sucede cuando escribimos: trabas, no saber para dónde seguir, no saber cómo articular fragmentos que vamos escribiendo y aún están dispersos, etc.

Hablar de proceso es poder ubicar a cada etapa del trabajo en su lugar, y pedirle a esa etapa sólo eso en lo que vamos a concentar toda nuestra energía creativa:

Primer momento: el acopio

Vamos a hablar de un primer momento de Instrospección o Introyección.

Llamamos a este primer momento, un momento de Acopio. Anotar, gabaratear imágenes sueltas, frases, recuerdos, pequeñas o grandes ocurrencias en un cuaderno, en una hoja suelta, en un archivo preliminar de la compu.
Es un momento de indagación en el que buceamos en nuestras propias imágenes.

Acopiar es poner junto todo lo que pensemos que nos puede servir para activar la imaginación en relación a un proyecto de escritura y ponerlo en movimiento: investigar sobre un tema, buscar textos, fotos, pinturas, pelis de referencia, escribir fragmentos sueltos que aún no podemos saber qué posición podrán ocupar en nuestra obra.

Acopiar es generar un territorio fértil para desplegar los procesos propios de la imaginación: la asociación, la disociación, la bisociación, tareas todas implicadas en esos tiempos iniciales de la escritura en las que buscamos configurar al mismo tiempo un mundo y un procedimiento: un modo de contar

La escritura de la obra: el primer borrador

El proceso de acopio decanta en la configuración de un universo, de un mundo con rasgos propios sobre los cuales podemos comenzar a desplegar la escritura de nuestro texto.
Es este un segundo momento del proceso:  el de escribir un primer planteo del texto. Soltar la mano. Generar un volumen de texto sobre el cual trabajar. Es el momento de pasar del acopio a la primera versión. El momento de lograr un primer borrador, para pasar a la tercera etapa.

El final del proceso: la corrección

Héctor Libertella, un escritor que a mí me gusta mucho decía: la mano que tacha es la mano que escribe de veras. Y de algún modo aquí se pone en juego el oficio de escribir. En lograr pasar de ese primer borrador, que siempre es una especie de diamante en bruto al que hay que pulir, a una versión terminada. Acortar frases, eliminar repeticiones, reordenar párrafos, lograr que se entienda, elegir qué dejar, qué sacar, qué reescribir. Momento de imprimir y leer en voz alta para escuchar cómo suena. El oído es sabio y ayuda mucho a corregir. Esta es la última etapa del proceso. Y aunque la versión final es lo único que unx lector va a conocer de ese texto, la verdad es que no llegamos a una buena versión final de un texto sin transitar todo lo demás: el acopio y ese bloque de mármol: la primera versión sin pulir.

Decía Cortázar:

«Cuando yo corrijo, una vez en cien agrego algo, completo una frase que me parece insuficiente o agrego una frase porque veo que falta un puente. Las otras noventa y nueve veces corregir consiste en suprimir. Cualquiera que vea un borrador mío puede comprobarlo: muy pocos agregados y enormes supresiones.

Porque al escribir, especialmente como escribo yo, rápido y dejándome llevar, hay una tendencia a la repetición inútil, se escapan cosas (y, sobre todo, cuando se trabaja con máquina eléctrica). Hay que eliminarlas implacablemente.

Es así como se llega a tener eso que llaman un estilo.
Para mí el estilo es una cierta tensión y esa tensión nace de que la escritura contiene exclusivamente lo necesario. Imagínese que la araña que hace de su tela un modelo de tensión, después le sacara unos flequitos de costado y los dejara colgar… La mala literatura está llena de flequitos. Es literatura con flecos.»

Dimensionar de qué se trata el proceso de escribir es el primer paso para iniciarse en la escritura. Desterrar de nuestro propio imaginario el mito del «genio literario» nos permite reconocer nuestra propia posibilidad de desarrollar la escritura, momento a momento, paso a paso, con la concentración y la dedicación que requiere cada fase del proceso.

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